DIARIO DE VIAJE: BARCELONA, NAVEGACIÓN HASTA PUERTO MADERO EN BUENOS AIRES (ANÉCDOTAS ESCRITAS POR CAROLINA Y CARLOS - SÉPTIMA PARTE)
| Panorámica de Río de Janeiro desde el monte del Cerro del Corcovado. Parque Nacional de la Tijuca. Brasil. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
Domingo, 1 de diciembre de 2019
Cumpleaños y excursión a Río de Janeiro
Hoy ha sido un cumpleaños muy especial: he visto al Cristo Redentor o Cristo del Corcovado.La estatua del Cristo Redentor es una de las siete maravillas del mundo moderno, y se alza en el monte del Cerro del Corcovado.
La excursión la habíamos reservado en español, vía online en España varios meses atrás. Pero a los días de estar a bordo del Costa Pacifica nos comunicaron que se había anulado por no haber suficientes hispanohablantes por lo que la contratamos en uno de los idiomas disponibles. Y el único disponible era el inglés.
A nosotros nos daba igual el idioma, como si la hacíamos en chino. El caso era hacerla.
Al ser la excursión en inglés tuvimos que ira a la recepción a pedir un diario de a bordo en ese idioma.
Programa de la excursión
Aviso previo: según el guía, y para evitar conflictos y polémicas, queda prohibido hablar de fútbol, política, religión o tristezas.-Recogida en el puerto para traslado en autobús al tren.
-Subida en el ferrocarril de Cosme Velho al monte del Cerro en el Parque Nacional da Tijuca para ver la estatua del Cristo Redentor.
El guía nos dijo que la subida la íbamos a hacer en un pequeño autobús debido a que horas antes el tren había sufrido un incendio. Y tuvimos que esperar cerca de media hora a que el patrón del guía diera la orden de ascenso.
(Mira, cuando oímos eso de patrón... Sigamos).
Cambio a otro pequeño autobús del Parque Nacional de la Tijuca.
Subida en ascensor.
| Cristo Redentor o Cristo del Corcovado. Parque Nacional de la Tijuca. Río de Janeiro. Brasil. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Carlos con el Cristo Redentor o Cristo del Corcovado. Parque Nacional de la Tijuca. Río de Janeiro. Brasil. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
Vista de la foresta de la Tijuca.
Vista del morro (montaña) Pan de Azúcar.
Vista de las playas.
Panorámica de la laguna Rodrigo de Freitas.
| Panorámica de Río de Janeiro desde el monte del Cerro del Corcovado. Parque Nacional de la Tijuca. Brasil. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Panorámica de la laguna Rodrigo de Freitas desde el monte del Cerro del Corcovado. Parque Nacional de la Tijuca. Río de Janeiro. Brasil. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
-Traslado a la playa de Copacabana.
Tiempo libre para pasear o estar en la playa.
| Carolina en la playa de Copacabana. Río de Janeiro. Brasil. Foto tomada por Carlos Llorente Peláez. |
| Playa de Copacabana. Río de Janeiro. Brasil. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Playa de Copacabana. Río de Janeiro. Brasil. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Carlos en el paseo de Copacabana. Río de Janeiro. Brasil. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
Paseo panorámico y regreso al puerto.
Duración: ocho horas y media.
Antes de subir al barco, en el Boulevard Olímpico del puerto, se puede admirar la pintura mural Etnias.
Etnias es obra del artista callejero brasileño Eduardo Kobra.
La gigantesca pintura mural fue un regalo del prestigioso grafitero a la ciudad con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos de agosto de 2016 (Juegos Olímpicos Río 2016). Fue pintada en los meses de julio y agosto de 2016 con pintura en spray y acrílico sobre un muro de 3.000 metros cuadrados y representa la unión de las etnias de los cinco continentes.
Etnias se inauguró el 4 de agosto de 2016 y es el mural más grande del mundo.
Domingo, 1 de diciembre de 2019
Y cual ratones siguiendo la música del Flautista de Hamelín hemos ido a verles.
Junto a ellos, un señor mayor bailaba soliño.
Y viéndole tan soliño me he puesto a bailar con él. Pero al poco de estar bailando no sé qué demonios ha podido pasar que el hombre -ángel del cielo-, se ha caído. Y en el mismo instante que le he visto caer he pensado: ay, Dios mío, ¡¿cómo me haces esto?! Mi Cristo Redentor, con el día de cumpleaños tan bonito que he tenido.
Ay, ay, ay, este hombre, con lo feliz que estaba bailando y ahora, ahí le tienes, tirado en el suelo. Ay, qué disgusto. Con lo contenta que estaba yo bailando con él y ahora... Ay, como le pase algo malo... Ay, Cristo del Corcovado, como se haya roto una pierna o un brazo, el cargo de conciencia que me quedará será gordo y no me lo podré perdonar en la vida.
Gracias a Dios el señoruco se ha levantado, y ante mi perplejidad, me ha quitado la bolsita de plástico azul que llevaba, y dándosela a una mujer (que ha de ser la suya) ha seguido bailando conmigo.
-Y cuando hemos dejado de bailar la señora, muy sonriente, me ha dado las gracias. Y el señor me ha preguntado que si soy brasileña y le he dicho que soy española. Y entonces me ha abrazado-. Le he contado a Carlos (porque aunque ha hecho un vídeo con el móvil no ha grabado toda la secuencia).
-Esa es tu versión de los hechos, cosa distinta es lo que crea yo. Y yo lo que creo es que te le querías cargar.
-¡Pero qué dices!-. He exclamado yo .-Si no le he hecho nada, si se ha caído él solo.
-Que es broma mujer.
-Ay, Dios mío, qué cosas piensas. Tú con bromas y yo a puntito de echarme a llorar del disgusto que tengo. Pobre señor.
-Bueno, mujer. Todo a quedado en una anécdota graciosa y no le ha pasado nada. Piensa que ha caído rendido a tus pies.
-Ya, pero... Ay, Dios mío, mi Cristo Redentor del Corcovado, he pasado de la alegría al llanto.
-Ya, bueno. Pero quédate tranquila que no ha pasado nada malo que el hombre está vivito y coleando. Y jodido, porque si ha vuelto a bailar ha sido por verse herido en su orgullo masculino.
-Ya, pero... Ay, ay, ay, qué disgusto madre mía.
-Carolina, por Dios, qué exageración. Parece esto el muro de las lamentaciones de Jerusalén, que el hombre está bien. En cambio tú... Te veo en el hospital del barco con una crisis de ansiedad-. Y pensando que pudiera caer, no al suelo, sino enferma, ha dicho .-Ay, Señor, no me hagas esto.
Charlando, y como no podía ser de otro modo, tratándose de un filósofo, ha recordado conversaciones anteriores:
-El otro día Marina comentó que cuando una persona desea fervientemente lo que ansía se convierte en realidad. En cambio tú discrepaste. Dijiste, no todo lo que deseamos se hace realidad porque la vida nos concede “aquesho” que necesitamos. Y recalcaste: y solamente nos lo da cuando estamos preparados para recibirlo. Bien. Me gustó tu pensamiento. Va más “ashá”, es muy profundo. También me gustó la forma de preguntar de tu marido. No todo el mundo sabe preguntar. Él sí sabe hacerlo. Hiciste una gran pregunta. Preguntaste, ¿el razonamiento es objetivo? Estuvo buena. Es perfecta. La pregunta es interesante.
-Para mí lo importante e interesante era tu respuesta-. Dijo Carlos.
-Sí, bueno. Platicar con ustedes es muy instructivo-. Y mirando la hora en su reloj de pulsera dijo .-Este, chicos, voy a bajar al camarote. Nos vemos luego-. Y como había navegado en otras ocasiones por aquellas aguas, añadió .-Cuídense. De ahora en adelante el barco se moverá mucho. Transitaremos por un mar picado.
Como habíamos quedado con nuestros amigos (Marina, Jorge, Eduardo y Francisco) tras la cena, para celebrar mi cumple, fuimos al Grand Bar Rhapsody. Y aunque ya me habían felicitado, volvieron a hacerlo.
Sentados en elegantes butacas tapizadas estuvimos tomando unas copas y contando chistes. Nos reímos muchísimo, sobre todo con Eduardo porque fue quien contó más chistes y nos sorprendió gratamente.
Aquel profesor universitario -hombre cultivado y versado en múltiples temas como lo onírico y el mundo paranormal-, cuyo porte intelectual y reflexivo se agravaba más por llevar unas gafas de gruesa montura negra, siempre observador cual sabia lechuza, parece estar analizando todo lo que gira a su alrededor. Y mientras mira a los ojos que a su vez le miran a él, gira los dedos pulgares -ora en sentido de las agujas del reloj, ora a la inversa-, mientras el resto están entrelazados entre sí.
Y así, entre chistes y risas, las horas fueron pasando. Y nos fuimos a dormir.
En la madrugada me desperté de súbito. Había tenido una pesadilla. ¡Acababa de morir en sueños!
Me encontraba en un espacio desconocido e incoloro y había una especie de piscina. Metí mi cuerpo en el agua, comprobé que apenas cubría. Entonces introduje la cabeza. Pero cuando quise sacarla, pues necesitaba oxígeno para continuar viviendo, sentí una fuerte presión en la cabeza. El agua tenía la misma consistencia que el cemento y me hundía. Haciendo uso de las extremidades superiores intenté salir de aquella prisión acuosa, al tiempo que aguantaba la respiración. Todo intento fue en vano.
Cuando la agonía invadió todo mi ser, inhalé...
Y desperté de súbito.
Acababa de morir ahogada.
Con los ojos abiertos de par en par fijos al techo del camarote me llevé las manos al pecho. Lo noté caliente y sentí fuego en mis pulmones. Y creí que estallarían contra mi caja torácica.
Qué contrariedad. Agua y ardor fue todo en uno.
Girando el cuello observé a Carlos. Dormía plácidamente junto a mí, ajeno a mi angustia y dolor.
Miré la hora, eran las cinco y media de la mañana.
Levantándome de la cama descorrí el pestillo del balcón. Fuera ya era de día. La marejada daba envestidas contra el casco del Costa Pacifica. Y recordé las palabras de Eduardo: de ahora en adelante el barco se moverá mucho. Transitaremos por un mar picado.
La catarsis se manifestó a través del mundo de los sueños. Y escapando de un abismo que viví como real desperté a otro. Y qué contrariedad: era irreal.
Y sentí ganas de llorar; y por un instante deseé morir.
Pero con cada nueva embestida, el mar embravecido fue devolviéndome la calma perdida y trajo consigo aliento de vida.
Tumbada en la cama boca arriba cerré los ojos y mi mente me trasladó al instante en el que te tuve frente a mí.
Allí, en lo alto, en mitad del monte, donde se alza triunfante la estatua del Cristo Redentor del Corcovado, imaginé que sus robustos brazos se cerraban en torno a mi dolorido cuerpo. Y me fundí con la luz de su corazón cuando -el Cristo ahora hecho realidad para mí-, me abrazó.
Y me dormí.
Duración: ocho horas y media.
Antes de subir al barco, en el Boulevard Olímpico del puerto, se puede admirar la pintura mural Etnias.
Etnias es obra del artista callejero brasileño Eduardo Kobra.
La gigantesca pintura mural fue un regalo del prestigioso grafitero a la ciudad con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos de agosto de 2016 (Juegos Olímpicos Río 2016). Fue pintada en los meses de julio y agosto de 2016 con pintura en spray y acrílico sobre un muro de 3.000 metros cuadrados y representa la unión de las etnias de los cinco continentes.
Etnias se inauguró el 4 de agosto de 2016 y es el mural más grande del mundo.
| Pintura mural Etnias. Río de Janeiro. Brasil. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
Ay, Dios mío, ¡¿cómo me haces esto?!
Al término de la excursión, en el puerto, un numeroso grupo de cariocas danzaban y tocaban música. Parecían estar ensayando para la fiesta más importante de Brasil: los carnavales.Y cual ratones siguiendo la música del Flautista de Hamelín hemos ido a verles.
Junto a ellos, un señor mayor bailaba soliño.
Y viéndole tan soliño me he puesto a bailar con él. Pero al poco de estar bailando no sé qué demonios ha podido pasar que el hombre -ángel del cielo-, se ha caído. Y en el mismo instante que le he visto caer he pensado: ay, Dios mío, ¡¿cómo me haces esto?! Mi Cristo Redentor, con el día de cumpleaños tan bonito que he tenido.
Ay, ay, ay, este hombre, con lo feliz que estaba bailando y ahora, ahí le tienes, tirado en el suelo. Ay, qué disgusto. Con lo contenta que estaba yo bailando con él y ahora... Ay, como le pase algo malo... Ay, Cristo del Corcovado, como se haya roto una pierna o un brazo, el cargo de conciencia que me quedará será gordo y no me lo podré perdonar en la vida.
Gracias a Dios el señoruco se ha levantado, y ante mi perplejidad, me ha quitado la bolsita de plástico azul que llevaba, y dándosela a una mujer (que ha de ser la suya) ha seguido bailando conmigo.
-Y cuando hemos dejado de bailar la señora, muy sonriente, me ha dado las gracias. Y el señor me ha preguntado que si soy brasileña y le he dicho que soy española. Y entonces me ha abrazado-. Le he contado a Carlos (porque aunque ha hecho un vídeo con el móvil no ha grabado toda la secuencia).
-Esa es tu versión de los hechos, cosa distinta es lo que crea yo. Y yo lo que creo es que te le querías cargar.
-¡Pero qué dices!-. He exclamado yo .-Si no le he hecho nada, si se ha caído él solo.
-Que es broma mujer.
-Ay, Dios mío, qué cosas piensas. Tú con bromas y yo a puntito de echarme a llorar del disgusto que tengo. Pobre señor.
-Bueno, mujer. Todo a quedado en una anécdota graciosa y no le ha pasado nada. Piensa que ha caído rendido a tus pies.
-Ya, pero... Ay, Dios mío, mi Cristo Redentor del Corcovado, he pasado de la alegría al llanto.
-Ya, bueno. Pero quédate tranquila que no ha pasado nada malo que el hombre está vivito y coleando. Y jodido, porque si ha vuelto a bailar ha sido por verse herido en su orgullo masculino.
-Ya, pero... Ay, ay, ay, qué disgusto madre mía.
-Carolina, por Dios, qué exageración. Parece esto el muro de las lamentaciones de Jerusalén, que el hombre está bien. En cambio tú... Te veo en el hospital del barco con una crisis de ansiedad-. Y pensando que pudiera caer, no al suelo, sino enferma, ha dicho .-Ay, Señor, no me hagas esto.
Del domingo 1 de diciembre al lunes 2 de diciembre de 2019
Chistes, reflexiones, pesadilla y deseo hecho realidad
Al atardecer, en un de los puentes superiores y a la hora de zarpar, hemos coincidido con Eduardo.Charlando, y como no podía ser de otro modo, tratándose de un filósofo, ha recordado conversaciones anteriores:
-El otro día Marina comentó que cuando una persona desea fervientemente lo que ansía se convierte en realidad. En cambio tú discrepaste. Dijiste, no todo lo que deseamos se hace realidad porque la vida nos concede “aquesho” que necesitamos. Y recalcaste: y solamente nos lo da cuando estamos preparados para recibirlo. Bien. Me gustó tu pensamiento. Va más “ashá”, es muy profundo. También me gustó la forma de preguntar de tu marido. No todo el mundo sabe preguntar. Él sí sabe hacerlo. Hiciste una gran pregunta. Preguntaste, ¿el razonamiento es objetivo? Estuvo buena. Es perfecta. La pregunta es interesante.
-Para mí lo importante e interesante era tu respuesta-. Dijo Carlos.
-Sí, bueno. Platicar con ustedes es muy instructivo-. Y mirando la hora en su reloj de pulsera dijo .-Este, chicos, voy a bajar al camarote. Nos vemos luego-. Y como había navegado en otras ocasiones por aquellas aguas, añadió .-Cuídense. De ahora en adelante el barco se moverá mucho. Transitaremos por un mar picado.
Como habíamos quedado con nuestros amigos (Marina, Jorge, Eduardo y Francisco) tras la cena, para celebrar mi cumple, fuimos al Grand Bar Rhapsody. Y aunque ya me habían felicitado, volvieron a hacerlo.
Sentados en elegantes butacas tapizadas estuvimos tomando unas copas y contando chistes. Nos reímos muchísimo, sobre todo con Eduardo porque fue quien contó más chistes y nos sorprendió gratamente.
Aquel profesor universitario -hombre cultivado y versado en múltiples temas como lo onírico y el mundo paranormal-, cuyo porte intelectual y reflexivo se agravaba más por llevar unas gafas de gruesa montura negra, siempre observador cual sabia lechuza, parece estar analizando todo lo que gira a su alrededor. Y mientras mira a los ojos que a su vez le miran a él, gira los dedos pulgares -ora en sentido de las agujas del reloj, ora a la inversa-, mientras el resto están entrelazados entre sí.
Y así, entre chistes y risas, las horas fueron pasando. Y nos fuimos a dormir.
En la madrugada me desperté de súbito. Había tenido una pesadilla. ¡Acababa de morir en sueños!
Me encontraba en un espacio desconocido e incoloro y había una especie de piscina. Metí mi cuerpo en el agua, comprobé que apenas cubría. Entonces introduje la cabeza. Pero cuando quise sacarla, pues necesitaba oxígeno para continuar viviendo, sentí una fuerte presión en la cabeza. El agua tenía la misma consistencia que el cemento y me hundía. Haciendo uso de las extremidades superiores intenté salir de aquella prisión acuosa, al tiempo que aguantaba la respiración. Todo intento fue en vano.
Cuando la agonía invadió todo mi ser, inhalé...
Y desperté de súbito.
Acababa de morir ahogada.
Con los ojos abiertos de par en par fijos al techo del camarote me llevé las manos al pecho. Lo noté caliente y sentí fuego en mis pulmones. Y creí que estallarían contra mi caja torácica.
Qué contrariedad. Agua y ardor fue todo en uno.
Girando el cuello observé a Carlos. Dormía plácidamente junto a mí, ajeno a mi angustia y dolor.
Miré la hora, eran las cinco y media de la mañana.
Levantándome de la cama descorrí el pestillo del balcón. Fuera ya era de día. La marejada daba envestidas contra el casco del Costa Pacifica. Y recordé las palabras de Eduardo: de ahora en adelante el barco se moverá mucho. Transitaremos por un mar picado.
La catarsis se manifestó a través del mundo de los sueños. Y escapando de un abismo que viví como real desperté a otro. Y qué contrariedad: era irreal.
Y sentí ganas de llorar; y por un instante deseé morir.
Pero con cada nueva embestida, el mar embravecido fue devolviéndome la calma perdida y trajo consigo aliento de vida.
Tumbada en la cama boca arriba cerré los ojos y mi mente me trasladó al instante en el que te tuve frente a mí.
Allí, en lo alto, en mitad del monte, donde se alza triunfante la estatua del Cristo Redentor del Corcovado, imaginé que sus robustos brazos se cerraban en torno a mi dolorido cuerpo. Y me fundí con la luz de su corazón cuando -el Cristo ahora hecho realidad para mí-, me abrazó.
Y me dormí.
| Cristo Redentor en el monte del Cerro del Corcovado. Parque Nacional de la Tijuca. Río de Janeiro. Brasil. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Carolina con el Cristo Redentor o Cristo del Corcovado. Parque Nacional de la Tijuca. Río de Janeiro. Brasil. Foto tomada por Carlos Llorente Peláez. |
Galería de fotos (entrando y zarpando de Río de Janeiro)
| Divisando la ciudad de Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Llegando a Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Llegando a Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Llegando a Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Llegando a Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Llegando a Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Llegando a Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Llegando a Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Llegando a Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Llegando a Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Zarpando de Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Zarpando de Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Zarpando de Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
| Zarpando de Río de Janeiro. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez. |
Que aventuras, cualquiera baila contigo jajaja.... Las fotos preciosas como siempre, buena cámara
ResponderEliminarJa, ja, ja.
Eliminar