BUSCANDO LA BUENA SUERTE EN LA ROMERÍA DE SELAYA

Uno de mis tréboles de cuatro hojas.
Uno de mis tréboles de cuatro hojas.

Cada 15 de agosto mi hermana Rosa y su novio Tino, que eran mucho de romerías, iban a la de Valvanuz en Selaya. 

Y un año, abajo, en el pueblo, porque la romería se celebra arriba, en los valles pasiegos junto al santuario de Nuestra Señora de Valvanuz, estuvieron dando un paseuco. Y antes de subir al santuario Tino, que a donde iba tenía que comprar lotería, compró un décimo. 
Ya en la pradera, y entre el gentío, Tino le dijo a mi hermana: 
-Rosuca, voy a ver si encuentro la buena suerte. 
-¿Cómo la buena suerte?-. Le preguntó ella .-Entonces él le explicó que para que la lotería les tocara había que buscar la buena suerte. Y la buena suerte se atraía al pasar el décimo por la chepa de un giboso. 
Y con la misma se pusieron a buscar entre los paisanos, con tan buena suerte que Tino vio a un giboso. Y yendo hacia él exclamó: 
-¡Hombreee, cuánto tiempo! ¡Qué alegría me da verte! ¿Cómo estás?-. Y el otro, que no le conocía de nada, pero no sé si por estar en fiestas, por seguirle la corriente o por haberle tomado por loco (o por todo a la vez) dijo así:
-Estoy bien, estoy bien-. Y Tino, abriendo las brazos, le dijo:
-Ven aquí y dame un abrazo-. Y mientras se abrazaban, Tino le pasó el décimo por la chepa. 

Pero la cosa no acabo aquí. Porque, según decía Tino, para que la lotería les tocara había que seguir buscando la buena suerte.
-Rosuca, ahora tenemos que encontrar a una mujer embarazada-. Le dijo a mi hermana. 
-¿Pero “paqué” Tinuco, “paqué”?-. Le preguntó ella. 
-¡¿Cómo que “paqué”?! Pues “pa” pasarle el décimo por la tripa. Así también se atrae la suerte. 
Y entonces buscaron entre los paisanos vestidos de pasiegos. Y como no vieron a ninguna mujer embarazada volvieron a bajar al pueblo. 
Y en el pueblo, buscaron y buscaron y buscaron... Hasta que finalmente vieron a una. 
Y entonces Tino, acercándose a la mujer con disimulo, hizo como que se tropezaba con ella: 
-Ay, señora, perdone, perdone-. Se disculpó, poniéndole una mano en la barriga. 
-Tenga “cuidao”, hombre, que me va a hacer echar al chiquillo que llevo aquí dentro antes de tiempo. 
Y así quedó la cosa. 

Y cosas de la vida, porque después de buscar tanto la buena suerte no les tocó la lotería. 
-Hijo, la lotería no nos habrá tocado-. Le dijo mi hermana .-Pero por tocar no sería, porque entre la chepa de uno y la barriga de la otra me tocaste bien las narices. ¡Porque vaya día me diste! 


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