LA PRINCESITA Y LOS DOS ADOLESCENTES

Iván, Carlitos y Aitana en Tavernes de la Valldigna (playa).
Iván, Carlitos y Aitana en Tavernes de la Valldigna (playa).

Cada año la familia Rodríguez planifica las vacaciones estivales. Suelen hacerlo entre los meses de abril y mayo.
Como a la mayoría de los españoles les corresponde un mes de vacaciones y aunque no tienen el mismo trabajo hacen lo posible para que coincidan sus respectivos permisos laborales.

El mes de vacaciones lo fraccionan en tres.
Los veranos -a mediados de julio-, se van de crucero. La mayoría es por el extranjero, por Europa; sin embargo, de vez en cuando, contratan uno que solo toca puertos españoles.

Los cruceros son los preferidos de los miembros que forman la familia.
Damián y Yolanda lo pasan genial, y sus dos hijos, en plena adolescencia... Lo pasan teta.

Este tipo de viaje es muy divertido. Hay un montón de actividades.
Cada mañana amaneces en un nuevo puerto, bajas a tierra o te quedas en el
barco. Contratas excursiones, visitas otros países y haces nuevos amigos. También conoces a personas que hablan otros idiomas y/o tienen una cultura diferente.

Después de la puesta del sol a bordo del barco hay espectáculos y noches temáticas como la Noche en Blanco, la Noche de Gala o la Noche del Capitán. La mejor es la Noche de los Disfraces.
A los hijos del matrimonio les gustaba mucho la Noche de los Disfraces.
Toda la familia se disfraza y los chicos se inventan disfraces.
Un año se disfrazaron de personajes de cómic. Iban muy góticos, ofreciendo abrazos a los pasajeros. Fue muy divertido verles abrazarse a viejecitas y viejecitos vestidos como si fueran demonios o fantasmas.
Para el próximo verano Damián y Yolanda barajan dos posibilidades: disfrazarse de roqueros o de personajes de película de terror.

De segundas y terceras el matrimonio organizan escapadas a la playa y se van a la costa. Y todos los veranos cambian de lugar (así cada año visitan un punto nuevo del país).
Pero desde hace tiempo siempre repiten destino y regresan a Tavernes de la Valldigna (playa).

Tavernes, para abreviar, es un pueblecito de la Comunidad Valenciana. Los chicos son los más interesados en ir porque han hecho amistades. Allí les espera, con impaciencia “la Princesita”. Y con la misma impaciencia los adolescentes desean reencontrarse con ella.
La Princesita -mitad niña, mitad mujer-, es un encanto.

La Princesita y los dos adolescentes quedan con otros jóvenes. Han formado una pandilla y hacen actividades propias del verano: van a la playa a bañarse en el mar, dan largos paseos por la orilla, nadan en la piscina...
Por las tardes juegan al ajedrez, al parchís, a la oca...
Y a veces tocan instrumentos musicales. Al padre le da igual, pero a la madre... Le ponen la cabeza como un bombo.

Si a la hora del concierto aún hay luz solar el matrimonio aprovecha para bajar a la playa. Y en La Goleta se ponen a tomar el sol como si fueran lagartos.
Otras veces, sobre las doce del mediodía, tumban sus cuerpos al sol y terminan con la piel abrasada.
-Sois unos inconscientes-. Les recrimina uno de los hijos más tarde.
-Luego decís, pero a veces los adultos sois peores que nosotros-. Les dice el otro hijo.
Ante esto el matrimonio guarda silencio. Típica reacción del progenitor cuando sabe que el hijo está en lo cierto.

Como la letra de la canción del Dúo Dinámico:
El final
del verano
llegó,
y tú partirás...
Llega el día de la despedida.
Es un momento difícil, no solo porque se tienen que ir de Tavernes, también porque tienen que despedirse de “su Princesita” con un “adiós, nos veremos el año que viene”.

Junto al coche de la familia todos están tristes.
Ella está de pie. Los padres de los adolescentes están metiendo el equipaje dentro del maletero.
Todos van a vivir uno de los momentos más tristes del verano, pero también el más bonito y emotivo.
“La Princesita” está junto al coche. Los chicos están indecisos, no saben qué hacer. Y todo es tan sencillo... Solo tienen que abrazarla y darle un par de besos.
Pero ella sigue allí, de pie, esperando.
Poco antes los tres han estado hablando, se reían... Ahora... Apenas queda tiempo.
-Venga, daros un abrazo y os hago una foto-. Les propone Damián.
Entonces los chicos la abrazan a la vez. Oh, qué escena tan enternecedora, piensa Yolanda.
Después los chicos la besan en sus sonrojadas mejillas. Yolanda también la besa y abraza y se despide de ella diciendo:
-Adiós, Aitana. Cuídate mucho.
La nena afirma con la cabeza mientras en su cara se dibuja una sonrisa.
Y la familia se va.
Poco antes de poner rumbo a la ciudad donde viven han visto como la “Princesita” agitaba la mano al tiempo que decía “adéu”.
Ay, la chiqueta se ha despedido en valenciano.
-¡Adéu!-. Han gritado los niños, sacando las cabezas por las ventanillas traseras del coche.

A pocos kilómetros de distancia parece que no pasa nada pero sí pasa.
Los adolescentes charlan entre sí, con apariencia risueña, pero en su interior algo está derramando lágrimas.
Con suerte habrá otro verano, un nuevo encuentro; y otra despedida.

Y llegará el día en que sus vidas se separarán para siempre. Porque no tendrán ilusión por reencontrase pues habrán tomado caminos diferentes.
Mientras tanto, la esperanza por regresar a Tavernes, hace que ese camino que hay que recorrer en el tiempo hasta el próximo verano se viva con especial ilusión.



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