DE LO QUE LE PASÓ A UN PARIENTE DE LA ANCHOÍTA DEL CANTÁBRICO CON LA MAJA DESNUDA

La maja desnuda.
La maja desnuda.

En una casona de Cantabria, hace una pila de años, vivió el marqués de Olivares, que era pariente mío lejano.
Este hombre, como tenía mucho dinero y muy poca cabeza para saber gastarlo, mandó pintar un cuadro con una maja desnuda. Y como estaba harto de ver el crucifijo encima de la cama de sus aposentos, llamando a uno de los sirvientes, le dijo: quita el Cristo y pon el cuadro. 
Y así lo hizo el sirviente, y el marqués de Olivares, al caer la noche y cerrando la puerta a cal y canto, se retiró a dormir (o eso creyó el sirviente). 

A la mañana siguiente, cuando la señora de la limpieza entró en la alcoba del marqués de Olivares para limpiarla, casi se muere de vergüenza. Y es que la maja desnuda del cuadro, puesta de cuclillas bajo un orinal, se estaba lavando “las partes nobles”. 
Y dejando todas las cosas de de limpieza, la mujer salió corriendo de la alcoba -como alma que lleva el diablo-, en busca del sirviente. Y llegando a él le contó. Y al contarle, llevándose las manos a la cabeza, el sirviente salió corriendo en busca del marqués. Y cuando le encontró, le dijo: pero mi señor, ¿qué ha hecho usted? Y entonces le contó lo que la otra le había contado. 
-¡Ay, yo qué sé!-. Exclamó mi pariente, sorprendido .-Yo la dejé tumbada en la cama. De lo que haga ella cuando se quede a solas no me pidas cuentas.

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