AY, DÍO MÍO, QUÉ DILEMA

Emoji anillos de compromiso.
Emoji anillos de compromiso.

Por cuestiones religiosas y haberme metido de niña, a fuego vivo en la cabeza, la idea de que hasta que no me casara no podía perder la virginidad, me planté en la cuarentena sin desprecintar.
(A esto hay que añadir que aún no había encontrado yo un varón que me cuadrara).

Una tarde de julio, en el baile de mi pueblo, vi a un señor que me entró por el ojo y por el corazón. Y tras unos meses de estar hablando con él formalizamos la relación y le pidió la mano a mi padre para poder casarnos. Mi madre estaba encantada, como además de ser bien parecido tenía cuartos...

Al tiempo llegó el día de la boda. Y tras el banquete vino el momento de meterse en faenas íntimas de las que yo era una completa ignorante por no saber ni entender nada de nada.

Para la noche de bodas mi novio había reservado una habitación en uno de los hoteles más lujosos de la capital. Y como el hotel estaba bastante retirado del restaurante donde habíamos celebrado el banquete cogimos un taxi.
En la recepción del hotel mi novio -ya marido-, me dijo: ve subiendo en el ascensor a la habitación que ahora voy yo.
Obediente llamé al ascensor y subí.
Ya en planta busqué la habitación. Entonces hubo un apagón de luz y todo quedó a oscuras.
A tientas fui palpando la pared hasta dar con una puerta entre abierta. Pensando que dentro podría esperar tumbada en la cama hasta que viniera de nuevo la luz, la empujé y entré.
Al poco escuché que alguien entraba y cerraba la puerta. E inocente de mí, creyendo que era mi marido, y me mantuve en silencio.
La persona que había entrado en la habitación se puso en la cama a mi lado.
(Lo que pasó después no lo cuento por ser privado).

Cuando me desperté a la mañana siguiente comprobé que no había dormido con mi marido, sino con un mujerón de armas tomar.
Ay, Dios mío, qué dilema, pensé. Después de estar toda la vida guardando el virgo... ¿Cómo le explico ahora yo esto a mi marido?
-Bueno, bueno, tampoco hay que alarmarse tanto que esto tiene arreglo-. Dijo el hombre cuando se lo conté.
Y digo yo: si esto tiene arreglo, ¡¿de qué me sirvió a mí llegar virgen al matrimonio?!

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